Decidí probar 500mg de salvia 20x fumándola de un bong de vidrio, en casa, recostado en mi mueble. Mi enamorada estuvo a mi lado de cuidadora.
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Desde mi perspectiva
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Me fumé todo de un jalón y comencé a sentir que me derretía y que mi cuerpo se sumergía por mi garganta. Dejé el bong en el mueble y cerré los ojos antes de acostarme… pero no había más mueble. Estaba cayendo. Desde mi garganta se abre paso hasta mi boca una especie de carril. Sigo cayendo y ese carril continúa saliendo de mi garganta. «¿Realmente es mi garganta?».
De pronto me encuentro yendo hacia adelante, como si hubiera estado yendo en esa dirección todo el tiempo, pero recién lo notaba. Iba sobre el carril que salía de mi garganta, como si avanzara sobre un monorriel dirigiéndome a una estación color azul al mismo tiempo que me partía por la mitad. Tenía la sensación de que me abrían como una cremallera. Una de mis mitades era roja y la otra verde. Todo tenía una consistencia cerosa.
Traté de respirar, de tragar saliva, pero no podía porque no tenía garganta. Yo era el monorriel dirigido hacia la estación azul, que también era yo, o parte de mí, avanzando sobre mí mismo, al mismo tiempo que seguía saliendo de mi garganta y boca que no tenía. Viajando sobre mí, avanzando sobre mí y siendo abierto como una cremallera que se espiralaba en el horizonte. Todo al mismo tiempo.
Me estoy mezclando con todo. Todo tiene consistencia cerosa, incluso el aire. No puedo explicarlo de una mejor manera.
Escuché una voz, suave y electrificada. Me trajo recuerdos. Era una voz familiar. “Todo está bien” me decía “Está bien…” me reconfortaba. La voz me abrazaba y me cuidaba mientras todo lo mencionado antes sucedía. Todo esto tenía que pasar… debía pasar… pasaría. No era algo con lo que pudiera luchar, no era algo que podía detenerse. Era parte del tiempo y del destino.
Las dos mitades de mí seguían conectadas, aun cuando eran divididas por un infinito espiral. La voz resonaba en el espacio. Me sentía amado, entendido y aceptado.
Me detuve en la estación azul un momento para recordar quién era yo. Sentía que tenía una vida ahí. Podía percibir los recuerdos de una vida vivida y que ese era mi lugar correspondido.
De pronto, como un soplido que apaga una vela, fui arrancado de ese lugar. «¡Noo! ¡Aún no! ¡Aún no quiero irme de aquí!». Y todo se desvaneció en una delgada capa de memoria. Había regresado. Solo quedó el humo de lo que había sido una brillante candela.
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Desde la perspectiva de mi enamorada
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Él dio una calada intensa del bong. Miraba a todos lados mientras retenía el humo. Parecía confundido. Tenía los ojos muy abiertos, luego se acostó en el mueble y yo me senté con calma a su lado.
Repentinamente se incorpora y vuelve a acostarse otra vez. Tiene la mirada perdida y comienza a balbucear algo para sí mismo mientras se mueve inquieto.
De manera gentil le sostengo las piernas para evitar que patee la mesa y haga caer algo. De pronto los balbuceos cambian a gritos. Gritos de terror. Gira hacia un lado y se desliza por el mueble. Intento sostenerlo para que no caiga y él se levanta de manera brusca, pero parece recuperar la tranquilidad y vuelve a sentarse. El movimiento ha hecho caiga al suelo un vaso con agua que había sobre la mesa. Ahora hay vidrio roto y agua cerca a nuestros pies.
Se le notaba totalmente fuera de este mundo. Voltea a mirarme, pero no parece reconocerme. Me sostiene por los hombros e intenta comunicarme algo, pero no tiene sentido nada de lo que dice. Yo, incómoda, me muevo al extremo del mueble alejándome de él.
Ahora se acuesta nuevamente en el mueble y se arrastra hacia el otro extremo. Lentamente, como un caracol, lo veo deslizarse en cámara lenta hasta el suelo.
Me levanto y voy hacia él. Pongo su cabeza sobre mis brazos y le digo “No entiendo lo que me estás diciendo, pero estás a salvo aquí. No iré a ninguna parte. Todo está bien, amor”.
Después de un rato de calma, voy a recoger el vidrio roto que aún permanece en el suelo. Él se levanta. Por un momento pensé que ya había vuelto del viaje, pero no. Seguía confundido y hacía preguntas extrañas.
Parece molestarse de la nada y a maldecir sin razón por el vaso roto y porque no respondía sus preguntas con la rapidez con que las hacía. Después de un rato se disculpa. Ahora ya está totalmente lúcido y explica que no tenía idea de lo que había sucedido.
La próxima vez ya tendremos más cuidado.
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La salvia es extremadamente fuerte. Uno realmente tiene que estar en un ambiente seguro y libre de cosas que puedan romperse o que puedan lastimar.
Jamás “viajaría” solo con esta sustancia.
Mi recomendación: Si lo van a hacer, que sea con alguien de confianza, sin mezclar la sustancia con ninguna otra. No hacerlo ni borracho ni con nada encima. Este alucinógeno no es para uso recreacional. Todo duró apenas unos minutos, pero el tiempo se siente muy diferente “adentro”.
— Ilustración de Salviadroid —